Formación. ¿Gasto o inversión?

Formación. ¿Gasto o inversión?


¿Sabemos discernir si, con nuestra formación, estamos invirtiendo en el futuro o estamos simplemente gastando el tiempo y el dinero?

 

Antes de nada quiero justificar las razones por las que me atrevo a escribir este artículo. Llevo 16 años dedicado a la actividad profesional de la formación en diferentes empresas privadas. En mi trayectoria he tenido la suerte conocer en profundidad el mundo educativo desde todos los puntos de vista. Primero la educación obligatoria básica y secundaria , vistas como alumno y como padre. Un poco más tarde la Universidad, desde mi perspectiva como alumno, como empresa que gestiona acuerdos educativos con la misma y como empleador de recién titulados. También en entorno de la formación pública, desde la formación ocupacional a los certificados de profesionalidad, desde el punto de vista de una empresa adjudicataria de concursos y subvenciones para el desarrollo de estos planes formativos. Y por supuesto el entorno de la formación privada, es decir, el desarrollo del negocio de formación a través de la venta de cursos y masters para particulares y empresas desde la perspectiva de la entidad que diseña, comercializa y ejecuta estas formaciones. Creo, por tanto, sin ánimo de parecer presuntuoso, que estoy cualificado para hablar de ello.

 A lo largo de esta trayectoria me he encontrado cientos de veces con la necesidad de contestar a esta pregunta. En este sentido he ejercido como abogado del diablo pues me ha tocado convencer a empresas de que la formación adecuada genera productividad y beneficios con lo cual es una inversión y, a la inversa, convencer a instituciones públicas de que formar, sin tener en cuenta las perspectivas laborales del alumno, es decir, invertir en formaciones que no se adecúan al mercado laboral, no es sino un terrible gasto. Podemos decir por tanto que gastar en buena formación es una inversión e invertir en mala formación es un gasto.


Gastar en buena formación es una inversión. Invertir en mala formación es un gasto.


No lo digo yo. Ya se han encargado otros personajes mucho más relevantes en dejarlo claro:

 

"Si crees que la formación es cara, prueba con la ignorancia" - Derek Bok (Rector de la universidad de Harvard)

 

Lo importante, entonces, es discernir entre la formación que se convierte en inversión y aquella que no es otra cosa que un gasto. Cuando hablamos de gasto, tenemos que tener en cuenta no solo el coste económico sino también el coste temporal. Toda inversión lleva estas dos componentes. En ocasiones un buen contenido formativo puede convertirse en una pérdida de tiempo para el alumno si la temporalidad del curso, es decir, la adecuación de los contenidos a la duración del mismo es inadecuada. Un curso demasiado corto genera una formación muy superficial y un curso demasiado largo puede hacernos perder oportunidades.

 

Para ser capaces de decidir si la formación que nos interesa es inversión o gasto, debemos tener en cuenta los siguientes criterios:

 

1.- Adecuación a la oferta. La formación reglada, secundaria y superior, debería incidir en incluir en sus programas formativos contenidos adecuados al mercado laboral. Esta es una batalla perdida. Bien es cierto que, gracias a esto, personas como yo se ganan la vida, pero esta no es la cuestión. El perfil de un universitario que termina sus estudios, como norma general, se encuentra a años luz de las necesidades reales de las empresas en cuestión de conocimiento en tecnologías, procesos y herramientas informáticas. El dinero público invertido en formación ocupacional o certificados de profesionalidad debería tener en cuenta las necesidades reales de inserción laboral que demandan las empresas a la hora de establecer prioridades en la concesión de subvenciones. Y no es que no existan mecanismos para definir dichas prioridades sino que quizá los que las definen no son los más cualificados para ello. Estas formaciones, aunque "gratuitas" para el alumno (ya sabemos que nada es gratis), pueden suponer una gran pérdida de un tiempo precioso para formarnos en materias más productivas y no perder oportunidades por el camino. Otra batalla perdida. Con lo cual sólo nos queda acudir a la formación privada mediante cursos y masters de especialización que acercan más nuestro curriculum a la oferta laboral. Es aquí donde es más crítico elegir bien pues sumamos el coste temporal al precio de los cursos. El criterio debe ser siempre elegir un curso o Máster que esté adecuado al mercado laboral. La mejor forma de verificarlo es asegurarse de la formación te capacita para una profesión que está respaldada por ofertas de trabajo directamente relacionadas.


La formación debe estar respaldada por ofertas de trabajo directamente relacionadas


Respecto a las empresas, la formación de sus empleados debería ser una cuestión estratégica pues la relación entre capacitación adecuada a las necesidades del mercado y productividad es algo muy evidente. Esta batalla está medio ganada y sino fijaos lo que decía Ford ya hace bastante tiempo:

 

"Solo existe algo peor que formar a tus empleados y que se vayan... no formarlos y que se queden." - Henry Ford (Fundador de Ford)

 

2.- Carácter oficial. Que una formación sea "oficial" no garantiza la calidad pero que una formación sea "no oficial" no garantiza nada. Mi recomendación es siempre buscar formaciones que posean dicho carácter. En formaciones regladas la cosa está clara porque el mismo hecho de homologar como reglado un ciclo formativo, grado o Máster implica que posea carácter oficial. En el caso de cursos privados hay que buscar dicha oficialidad en las certificaciones que aporte. Ejemplos muy claros son las formaciones enfocadas en herramientas informáticas cuyo carácter oficial lo da el que dichos cursos sean impartidos por el fabricante del software o por los partners educativos del mismo.

Una formación "oficial" no garantiza la calidad pero una formación "no oficial" no garantiza nada

3.- Formador profesional, cualificado y vocacional. El formador es la clave del éxito en la formación. Un aspecto fundamental es que, dicho instructor, sea formador profesional. Existen multitud de expertos en determinadas áreas cuya capacidad didáctica es nula. Mi consejo es verificar el curriculum del formador para garantizar su experiencia formativa así como, si procede, sus acreditaciones y certificaciones. Una inversión realizada en una buena formación impartida por un mal formador se convierte irremediablemente en un gasto inútil. Pero más allá del conocimiento y de las aptitudes didácticas, yo destacaría como determinante la actitud del formador respecto a los alumnos. Prefiero un instructor peor preparado cuya profesión sea vocacional. Si un profesor ama su trabajo, la ilusión y la motivación se transmiten a los alumnos.

"Es el verdadero arte del maestro, despertar la alegría por el trabajo y el conocimiento" - Albert Einstein

4.- Temporalidad adecuada. Como he comentado antes la inversión o el gasto no tiene porqué ser solo económico. El tiempo invertido en la formación es tan valioso como el dinero invertido en la misma. Es necesario comprobar que el temario se adecúa a las horas y jornadas lectivas. No llamemos Máster a un curso de 100 horas ni programemos cursos básicos de 400 horas.

5.- Coste razonable. No hacen falta comentarios.

 

Mi intención con este artículo no es otra que despertar la duda y la reflexión ante cualquier elección en lo que a nuestra formación se refiere. Espero haber conseguido el objetivo.



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